martes, 4 de agosto de 2009

Neoliberalismo Chileno en base a una Hegemonía.

Hasta antes del golpe militar, liderado por Augusto Pinochet en Septiembre del 1973, en Chile estaba instaurado el denominado Estado de bienestar, Estado que por el contrario al neoliberal en el cual vivimos y nos desenvolvemos hoy en día, constaba de una hegemonía en que él mismo, era el encargado de entregar a todos y cada uno de sus ciudadanos una vida digna en cuanto a; salud, educación, seguridad, economía y planificación social.

El estado y el país no eran más que una construcción colectiva, algo que puede sonar bastante utópico, pero que era digno del proceso histórico que estaba viviendo el hombre como tal, en el que cada uno de los ciudadanos debía contar con una formación, educación y recursos para ayudar en la construcción y bienestar de la nación. El estado en sí, debía cumplir con los requerimientos, que mediante la democracia, la sociedad demandaba, de una u otra forma se veía obligado a financiar la calidad de vida de las personas, mediante el proceso de ampliación del sector social, proceso que en una primera instancia resultaba beneficioso para todos los ciudadanos del país, ya que estrechaba quizás los grados de separación entre las clases sociales.

La matriz de la vida en sociedad y de la vida política era colectiva-solidaria y en base a la democracia, y fue quizás la misma democracia en exceso, el aprovechamiento de ésta, la que provocó el quiebre. El pueblo comenzó a cuestionarse en cuanto a la propiedad privada, buscaban la disminución de la misma mediante la apropiación, un ejemplo de ésto es lo que ocurrió con las tierras y sus propietarios, cuando se decidió en el gobierno de Allende repartir las tierras para los campesinos y así ellos pudieran trabajar y sustentarse.

Otro factor que influyó notablemente en el debilitamiento del Estado de bienestar fue, el hecho de que la sociedad en un momento comenzó a exigir más de lo que el propio Estado podría entregar, por lo que éste se vio en la obligación de pedir préstamos, de aumentar el dinero pero disminuir su desvaloración, fenómeno denominado inflación, uno de los mayores problemas que se presentaron en la época de la unidad popular, del Estado de bienestar en su plenitud.

Todo este aprovechamiento de la democracia, todos estos beneficios entregados en un principio que luego ya no podían sustentarse (“a beneficio concedido, derecho adquirido”) logró por debilitar al estado y su función, los mismos beneficiados, comenzaron a, en cierta forma, autodestruir la pared que los protegía del resto, este estado con ansias de cumplir lo que el mismo nombre promete, comenzó a caer.

Ante esta situación, surgen una serie de hipótesis y posibles soluciones para calmar al pueblo chileno, para calmar sus necesidades y sus exigencias, para lograr un acuerdo en donde se logren estabilizar todos los ámbitos de la vida, de la economía, por sobre todas las cosas.

Una de estas, fue la planteada por Tom Davis, economista estadounidense, quien aseguraba que Chile era “brillante” por contar y proteger una democracia muy bien hecha y planteada, pero que ésta misma terminaría por jugarle en contra al estado y al bien común, en la misma dinámica Davis planteó que la única forma de resurgir y salir de una buena vez de la crisis en la cual se encontraba el país, era mediante un proceso de “decepción de la democracia”.

Ese período de decepción de la democracia, no tiene otra lectura más que una dictadura, período justificado como una estrategia para estabilizar la economía y la vida en general de la nación.

“La convocatoria formar un hombre nuevo, desarrollado en la lucha popular y dotado de un fuerte sentido de pertenencia a una colectividad revolucionaria, no fue más que la expresión del deseo ideológico de transformar la vida a toda velocidad, aunque ello provocase en los sectores sociales afectados una reacción de tal naturaleza que todo el proceso de cambios acabara aplastado por la violencia” (La escuela de Chicago: operación Chile” – Juan Gabriel Valdes, Pag. 10).

Es en la dictadura, cuando un nuevo sistema totalmente contrario al anterior de implanta, se comienzan a privatizar los bienes, el rol del estado empieza a ser cada vez menor en la intervención y en el aseguramiento del bienestar de sus conciudadanos, se privatiza la previsión social (AFP) en cierto modo desde ese momento se comenzó el proceso de capitalización individual, es decir, ahorras e inviertes no para el bien común de la sociedad, sino que por el contrario, por tu propio bien y el aseguramiento de tu buen vivir en un futuro. Además se privatiza la salud, y por sobre todo, lo que causa mayor estrago es la privatización de la educación. Al privatizarse la educación esta comienza a ser parte de un negocio, el gobierno militar incitaba a las personas a que se introdujeran en el “negocio de la educación” a que personas normales pusieran sus instituciones educacionales, y así comenzó a lucrarse con ella, se individualiza la vida y ya el concepto de construcción colectiva de la sociedad, parecer no tener mayor peso.

Junto con este fenómeno de privatización e individualización, se hace presente el concepto de hegemonía como la lucha por el poder de una clase social por sobre la otra, por medio de la coerción y la violencia.

Los militares y la clase “alta” intentan dominar en su totalidad la vida del resto; de la clase trabajadora, de los pobres y de los que osaran de pensar o actuar distinto a como ellos creían que debía ser, y al mostrar resistencia o una visión opuesta a la planteada por los dominantes, la violencia era la primera opción para ser utilizada como arma, violencia que en la mayoría de los casos finalizaba en asesinato, es en este caso en que vemos reflejado el concepto de hegemonía de Lenin, ya que según él, la mayor arma de ésta era generalmente la violencia, violencia generada por la clase dominante (en este caso militares y derecha) pero de igual forma brutalmente respondida por el pueblo dominado que se siente con ansias de luchar para derribar este imperio de violencia, y avanzar por un progreso donde fuesen beneficiados y tomados en cuenta como actores sociopolíticos "Desde el punto de vista proletario, la hegemonía pertenece en la guerra a quien lucha con mayor energía que los demás, a quien aprovecha todas las ocasiones para asestar golpes al enemigo, a aquel cuyas palabras no difieren de los hechos y es, por ello, el guía ideológico de la democracia, y critica toda ambigüedad" ( “Obras escogidas” Vladimir I. Lenin)

Este estado como ya dije, debía dirigir y guiar la vida de los ciudadanos utilizando como herramienta de castigo para el que se negara a aceptarlo, la violencia. Éste fue otro aspecto importante de cambio entre el estado de bienestar y neoliberalista.

Pasaron los años y ya en 1990 Chile volvió a la “democracia”, digo democracia entre comillas ya que nos convertimos en un país con una democracia dañada.

Intentando mediante los gobiernos de la concertación de partidos de izquierda volver al estado, volver a hacer crecer y progresar la labor del estado.

Y creo que vivimos en intentos fallidos, ya que es el sector privado el que sigue hoy por hoy rigiendo nuestras vidas, es el mercado al fin y al cabo el que determina quien eres y que papel juegas en la sociedad, si sirves o si eres material inservible para el funcionamiento y para la estructura social.

Es el individualismo del modelo neoliberal el que sigue prevaleciendo por sobre la solidaridad o la forma de ver la vida en conjunto como sociedad, el capitalismo de mercado inculca a las personas que deben preocuparse de producir más y más dinero para ellos mismos, sin importar lo que pase con el resto, esta hegemonía neoliberal sigue presente, pero de una forma mucho más sutil que en el período militar, se nos presenta quizás con la forma de Gramsci de ver la hegemonía de la sociedad,

Pero a pesar de la derrota de la dictadura, seguimos hoy en día en un modelo con un estado casi ausente en el ámbito económico (lo que provoca desigualdades e injusticias insostenibles), en base a una hegemonía que nos sigue rigiendo y quizás no de una forma tan notoria y evidente como hace veinte años atrás, pero hegemonía que te domina y que si en algún momento pasas a llevar no espera para hacerse presente en ti.

Es quizás hoy por hoy el lenguaje la mejor herramienta, la mejor forma de coerción de las clases dominantes hacia el resto (resto en el cual me incluyo), ya se dejó a un lado la violencia brutal de la dictadura, hoy es la conciencia impuesta por el ambiente en que vivimos y en la cual, por lo tanto, concurren influencias diversas y contradictorias.

En la conciencia del hombre, abandonada a la espontaneidad, todavía no conciente críticamente de sí misma, coexisten influencias espirituales diferentes que se acumulan a través de estratificaciones sociales y culturales diversas.

Nuestra conciencia no es otra cosa que el resultado de una relación social y ella misma es una relación social. No tenemos pues, “un alma como esencia autónoma”, según Aristóteles, sino “la conciencia, como resultado de un proceso social”.

Cabe destacar en este caso la visión de Michel Focault acerca del lenguaje, del lenguaje y del discurso utilizado en la política como forma de dominación: "Las relaciones de poder no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento de los discursos. No hay ejercicio del poder posible sin una cierta economía de los discursos de verdad que funcione a partir de, y a través, este círculo" (Michel Foucault) ya que según Focault, todos los discursos tienen en si una finalidad, el fin del discurso y del político o personaje importante que esté exponiendo es lograr en el auditorio o en su defecto, el país completo que se disponga a oír el discurso, algún efecto, que las personas tomen “conciencia” y todo esto mediante la utilización, digo, instrumentalización del lenguaje.

Tomando en cuenta lo anterior y en base a una hegemonía, hoy por hoy sigue existiendo el poder de las clases dominantes por sobre el resto, ya que ésta característica es base para el capitalismo en el que vivimos la mayoría de las sociedades, pero esta dominación no es sólo mediante la violencia (tomando el ejemplo además, de la dominación por medio del lenguaje de la que nos habla Foucault), sino que es una mucho mayor de derrotar, ya que no sólo requiere de contra-violencia para lograrlo, sino que de una suspicacia casi imposible.

El poder que nos domina en la actualidad, en nuestro estado neoliberal es el de la hegemonía cultural de la que habla Gramsci, que parte desde la educación formándonos casi como soldaditos, toma forma de religión, y se inculca además por los medios de comunicación de masas, que tanto poder tienen sobre nuestra conciencia y actuar, por ende.

Vemos todo lo que nos rodea como algo natural, como algo que debe ser y algo en contra de lo que nunca nos revelaríamos.

Nos hacen creer que está todo bien, que vivimos en democracia, que los años negros ya pasaron y que nunca más volverá ocurrir si estamos cobijados y resguardados por el estado, por la patria, la libertad es nuestro principal aliado, es lo más preciado y cuidado, nos dejamos envolver en el sistema capitalista neoliberal y no hayamos otra resolución a la cuestión económica.

Todo lo vemos como natural e innato gracias a esta ideología en común; este concepto de patria, de religión, de educación, de igualdad, ilusamente pensamos que somos todos uno, que no hay diferencias, que no hay injusticias ni nada que cambiar a la sociedad actual.

"Pero en este punto se plantea el problema fundamental de toda concepción del mundo, de toda filosofía que se haya convertido en una religión", en una "fe"; es decir, que haya producido una actividad práctica y una voluntad, y que esté contenida en éstas como "premisa" teórica implícita. . . el problema de conservar la unidad ideológica de todo el bloque social, que precisamente es cimentado y unificado por esta ideología" (“El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croc”, Antonio Gramsci)

Ya Gramsci lo dijo mejor que yo.


Bibliografía


  • “Hegemonía y contra-hegemonía en una contrarrevolución liberal madura. La izquierda desconfiada en el Chile Post-Pinochet”. Rafael Agacino.

  • “Chile actual: Anatomía de un mito”. Tomas Moulian.

  • La escuela de Chicago: Operación Chile”. Juan Gabriel Valdes.

  • “La genealogía del racismo”. Michel Foucault.

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